¿Y dónde están las mujeres? Las artistas en la historia del arte fue una exposición didáctica que buscó ―a partir de reproducciones de obras de artistas mujeres desde el siglo XVII al XXI― valorizar la producción femenina en la historia del arte al mismo tiempo de motivar al diálogo y la reflexión de los visitantes sobre temas de género, roles y estereotipos.
ANTECEDENTES PARA PENSAR Y DISEÑAR LA EXPOSICIÓN
“A los niños se les educa con la convicción de que los hombres “hacen” la historia, y las mujeres la “viven”, así como que la razón es primordialmente masculina y el sentimiento y la emoción son femeninos. Estas ideologías dominantes se inculcan a través de la escuela, en sus textos, lenguajes e imágenes”.[1]
Son numerosos los textos y estudios que desde los ’70 analizan porqué la historia del arte no ha reconocido el trabajo de mujeres artistas a lo largo del tiempo, examinando desde las teorías de género las múltiples razones sociales por las cuáles, en el arte, el trabajo de las mujeres ha sido invisibilizado. Al mismo tiempo, desde el análisis de la educación artística, también existen muchos referentes de cómo la historia del arte reproduce estereotipos sexistas.
Cuando en el año 1989 el colectivo Guerrilla Girls instala afuera del Museo Metropolitano de Nueva York afiches que cuestionaban la bajísima presencia de artistas mujeres en las exposiciones ―en contraposición a la gran cantidad de desnudos femeninos― preguntándose si era necesario que una mujer estuviese desnuda para estar en el museo, respondían desde el campo de acción del arte a importantes cuestionamientos que se hacían desde el inicio de la década de los ’70, con escritos como el de Linda Nochlin llamado ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?, haciendo las primeras lecturas feministas de una historia del arte narrada de manera hegemónica. Desde Latinoamérica, surgían también los primeros movimientos feministas en la misma década, con obras que cuestionaban los roles asignados a las mujeres, como las acciones performáticas de Mónica Mayer en México.
Más recientemente, los museos cuestionan sus propias colecciones y formas de narración haciendo ejercicios curatoriales que permitan analizar desde la perspectiva de género la manera en que construimos la historia: “Cuando reivindicamos la recuperación de la mujer en la historia del arte no nos referimos únicamente a realizar pequeños o grandes anexos que incorporen más o menos forzadamente, un número de mujeres a los temas respectivos, sino que se propone una mirada nueva, desde otra óptica, una mirada en femenino, es decir, que incorpore otras visiones e imágenes del mundo”[2]
Específicamente para el proyecto que hicimos, considerando el público objetivo del museo y su misión educativa, fue necesario revisar cómo esta ausencia de la mujer en la historia oficial del arte ―nuestra área de trabajo― afecta al desarrollo de niñas y niños. Al mismo tiempo, fue importante revisar cómo la desigualdad de género se presenta de manera transversal en todos los aspectos cotidianos de niñas y niños, por lo que trabajar la temática desde el arte resultaba una herramienta muy útil para analizar estereotipos y roles de género.
Para ello, las experiencias de trabajo de otras instituciones fueron fundamentales y motivantes para conocer cómo se trabajaba la temática desde los museos: por ejemplo la lectura de cuentos con enfoque de género para niñas y niños que hace el Museo de la Educación Gabriela Mistral, o la Guía para la incorporación del enfoque de género en museos, material publicado por la DIBAM el año 2012. Además de ello, las propuestas de trabajo de diferentes profesionales desde la educación artística invitan a pensar cómo el arte tradicional transmite estereotipos de género de muchas maneras, instalando la imagen del hombre como “genio” (sujeto creativo) y la mujer como “musa” (objeto). Las imágenes son portadoras de significados, construyen realidad, por lo cual incorporar el enfoque de género en sus lecturas es fundamental para el trabajo con niñas y niños.
Probablemente no es la ausencia de la mujer creadora en la historia del arte la que puede interesar a niños y niñas, sino la reflexión de cómo se asignan roles a un género y otro, marcando en gran parte el destino de las personas y acotando oportunidades de desarrollo. Para todas las personas saber que las mujeres no son en un museo solo musas, objetos de belleza y pureza, o seres necesariamente asociados a la maternidad, es tan fundamental como saber que las mujeres son sujetos creativos, que han sabido a partir de un contexto histórico y social –muchas veces represivo– hacer obras de arte por diferentes motivos, expresando ideas y sentimientos.
La violencia que provoca la desigualdad de género es comprendida por la mayoría de las personas cuando ocurren femicidios, pero una gran cantidad de ejercicios más sutiles de violencia de género ocurren a diario cotidianamente, afectando de manera directa a niños y niñas, como el acoso callejero o la designación de roles a través del colores, objetos, vestuarios (rosado v/s celeste) y juguetes. Así, numerosas campañas no masivas invitan por ejemplo a las niñas a desarrollar intereses científicos –pues las ciencias duras se han incentivado históricamente en niños–, como también a eliminar entre personas adultas la dañina costumbre de regalar juguetes sexistas.
LA EXPOSICIÓN
Para implementar la exposición fue necesario definir y diseñar el guion museográfico que apoyara la trasmisión del mensaje de género –identificando conceptos, recorridos y ritmos de la exposición–, diseñar una museografía didáctica que a través de la experimentación sensible promoviese la valoración de la equidad de género en niños y niñas, realizar reproducciones de obras para conformar la exposición temporal y producir un programa educativo con recorridos guiados para diferentes niveles educativos y un audiovisual motivacional, además de diseñar los elementos complementarios a la muestra.
Para la selección de artistas y obras se consideraron varios aspectos: que abarcaran diferentes períodos (desde el siglo XVII hasta el XXI), lenguajes (pintura, fotografía, grabado, escultura, registro de acción de arte e instalación), diferentes orígenes territoriales (europeas, latinoamericanas), pero principalmente, que dichas artistas hayan trabajado en distintos contextos sociales y políticos.
Posterior a la selección de obras, se proyectó la museografía didáctica, que debía contener módulos temáticos, información complementaria a las obras, información sensible respecto a períodos y contextos, y módulos de participación. Al ser un museo cuya principal función es educativa, la didáctica se trabaja no solamente en los recorridos mediados por las educadoras o el material complementario a la visita, sino en la propuesta museográfica de cada exposición. Para dicha propuesta se realizaron las siguientes acciones:
- Módulos temáticos: Se diseñó un módulo que permitiera reflexionar –a través de un sistema de votación presencial con fichas– cuál ha sido el acontecimiento histórico más importante para la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, entregando como opciones el acceso a la educación, el derecho a voto y la participación de mujeres en ciencias (a través de la primera Premio Nacional María Teresa Ruiz), abriendo una cuarta opción para invitar a definir otro acontecimiento no mencionado. Por otra parte, se diseñó un módulo que permitiera pensar que profesiones u oficios son correspondientes a uno u otro sexo, descubriendo que así, tanto gásfiter, artista, periodista, profesor o profesora, bombera o bombero, entre otros, podrían ser realizados tanto por hombres como por mujeres.
- Información complementaria a las obras: Además de la gráfica que ubicaba temporalmente a las autoras según períodos (las precursoras, las aventureras, las modernas, las latinoamericanas), las artistas de nuestro continente (Claudia Coca, Bruna Truffa, Frida Kahlo, Lotty Rosenfeld) tenían cerca de sus obras unas cajas de madera –algunas se podían abrir y otras no– con objetos sensibles alusivos a sus imaginarios de trabajo, técnicas o motivaciones.
- Módulos de participación: A partir de sencillos módulos de trabajo, es posible por ejemplo en globos de texto escribir qué derechos tienen niñas y niños, o a través de fragmentos de obras de escritoras latinoamericanas (versos de poemas o frases de novelas) crear un nuevo verso o frase.
Paralelo a la museografía se trabajó el programa educativo. Se produjo un audiovisual motivacional para niñas y niños, el que protagonizado por Frida Kahlo y Artemisia Gentileschi (ilustraciones) muestra cómo las mujeres han desarrollado obra desde tiempos muy antiguos, a la vez que reflexiona sobre cómo los estereotipos de género impiden alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Además, se diseñaron visitas guiadas para diferentes edades de niñas y niños, las que permitieron hacer recorridos junto a las educadoras del museo con objetivos específicos previamente definidos. El programa educativo fue realizado en torno a conceptos fundamentales: enfoque, estereotipo e igualdad de género, conceptos que en la muestra fueron definidos en un glosario, como parte de la museografía.
Los objetivos de cada recorrido eran dialogar cómo no existen colores, objetos o juguetes de uso diferencial para niñas o para niños (Kínder y 1° básico), analizando que los gustos son personales y responden a la identidad de cada persona; analizar cómo niñas y niños tienen las mismas capacidades (2° a 4° básico), al igual que hombres y mujeres, lo que debiera traducirse en igualdad de oportunidades y responsabilidades compartidas; analizar qué significan los estereotipos de género y cómo influyen en nuestras vidas (5° a 8° básico); y destacar la importancia de un lenguaje inclusivo de género (enseñanza media) al mismo tiempo de observar cómo la historia del arte tradicional reproduce estereotipos sexistas y cómo podemos hacer lecturas con enfoque de género de las obras clásicas.
A partir de los diálogos entre nuestras educadoras con niñas y niños nos dábamos cuenta que los roles de género se imponen desde los primeros años, pero que con niñas y niños es posible pensar en cuestionarlos. En los recorridos, cuando una educadora preguntaba por los juguetes y los gustos de cada participante, descubríamos que las niñas sí pensaban que podían jugar con robots, pero que a los niños les costaba pensar en jugar con muñecas. Al plantearlo, la posibilidad se daba.
Los diálogos de las visitas guiadas resultaron fundamentales para conocer cómo los temas de género están alejados de la sociedad e integrarlos significa un esfuerzo importante, pues la lógica de cuestionar roles y estereotipos funcionaba bien con niñas, niños y jóvenes, pero con personas adultas resultaba más difícil. La experiencia de la exposición resultó de gran interés para estudiantes y docentes, al mismo tiempo que significó para el museo una valiosa herramienta para el constante ejercicio en la búsqueda del bienestar de niñas y niños.
[1] López, M. Martínez, N. y Rigo, C. (1995) Educación artística y movimientos sociales. Disponible en www.dialnet.unirioja.es
[2] Alario, MT. (1993) La mujer en la historia del arte, en Tras la imagen de la mujer. Guía para enseñar a coeducar.
Fragmento del artículo publicado en Revista Contextos (UMCE) el año 2017 (edición N° 37) junto a Macarena Ruiz. La exposición fue exhibida desde julio 2015 a junio 2016 en Museo Artequin Viña del Mar.
