El año 2016 Museo Artequin Viña del Mar inauguró una exposición sobre arte contemporáneo para niñas y niños.
A través de reproducciones de obras y videos, se diseñó una muestra didáctica que permitiese dar a conocer lenguajes artísticos muchas veces desconocidos por las personas.
En general, la educación artística se percibe como la posibilidad de desarrollar destrezas manuales enfocándose en el hacer, lo que por supuesto tiene muchas ventajas en el desarrollo de las personas. Pero generalmente, se omite la gran posibilidad que presenta para desarrollar la capacidad crítica de niñas y niños, la de conectarse con la realidad de una manera analítica, conociendo múltiples alternativas de interpretación.
Las obras contemporáneas tienen características que las hacen particularmente sensibles a la infancia, como el uso del espacio y su relación con el cuerpo, la diversidad de materiales, los cambios de escala, entre otras. Sin embargo, la lejanía que sienten las personas adultas con las producciones con técnicas no tradicionales hace que muchas veces la escasa educación artística en escuelas y en espacios no formales se enfoque en la producción de objetos manuales, con énfasis en el resultado más que en el proceso.
Es cierto que el arte contemporáneo es un tema que parece árido, debido a que no se nos ha enseñado a leerlo de manera distinta al arte tradicional, pero una vez que cruzamos la línea que les divide entre una forma y otra, se convierte en un área muy sensible. Y es lo que como equipo hemos podido ver al realizar los recorridos junto a estudiantes por la muestra ¿Qué pasa en el arte actual? Artistas que ya no quieren pintar.
¿Por qué hablar de instalación o performance con niñas o niños? Primero, porque son obras que se hacen actualmente y es muy importante entender cómo funciona la cultura en la época en que vivimos, pues a diferencia de generaciones anteriores que tampoco conocían la producción artística de su tiempo ―por ser originales destinados a la conservación― hoy la tecnología, los medios de comunicación y de reproducción nos permiten conocer registros de performance, de instalación o de otras manifestaciones con gran facilidad.
Segundo porque cada artista contemporáneo nos ofrece a través de sus obras una mirada crítica en torno a problemáticas actuales: con Christian Boltanski podemos dialogar con niñas y niños en torno a la importancia de la memoria como construcción social que hacemos a partir de los recuerdos vividos, construcción que si bien es subjetiva y personal, siempre involucra una interacción con otras personas y que además es afectiva, involucra las emociones; con Mona Hatoum podemos dialogar sobre identidad, territorio, migración y sobre cómo a través de objetos simples y cotidianos es posible transmitir ideas políticas muy sensibles; con Mónica Mayer de cómo el cuerpo, el contacto físico y nuestras emociones e historias personales son protagonistas de la performance, o que la performance es también juego, como ella una vez dijo. Y así por muchas razones.
El arte contemporáneo nos ofrece un montón de alternativas que son útiles para la educación (artística o no), al mismo tiempo de invitarnos a pensar la producción y el trabajo artístico como un proceso que no siempre tiene un resultado físico, pero que por esencia tiene un efecto en las personas. Al mismo tiempo las obras contemporáneas nos permiten comprender que el valor de la manifestación artística no es económico sino social. El arte contemporáneo nos permite revisar el arte tradicional con una mirada actualizada, revisar el pasado con lentes nuevos. Y eso es lo que logra la educación artística.
Texto escrito para la sección El equipo te cuenta del desaparecido blog de noticias La Gaceta Artequin Viña, en febrero del 2017.
